Un día de Ocio Total
Luego de una semana agotadora, amanecí muy dormido en mi cómoda cama. Es uno de esos días que siempre deseamos cuando inconcientemente esperamos que suene de golpe y bruscamente en nuestros oídos irrumpiendo en forma muy molesta el sonido del despertador que nos indica que debemos levantarnos muy a nuestro pesar ya que debemos ir a trabajar o a lo que sea que debemos realizar, lo que es seguro es que no deseamos tener ese día.
Es decir, el anhelo de muchos por no decir de casi todos es no tener que volver nunca más a repetir un día de esos que no sea más que para ir de pesca, la playa o alguna otra actividad que no tenga nada que ver con trabajar ni con realizar actividades que en forma semántica impliquen en forma previa a cada oración o frase las palabras siguientes: «tener que» u «obligado a».
Pero lo bueno es que justamente no es un día de aquellos indeseados sino que si lo queremos, podemos seguir plácidamente bajo las sábanas y permanecer allí todo el tiempo que queramos. Luego que ya no queda más sueño por conquistar me levanto lenta y perezosamente, arrastrando los pies y dirigiéndome sin tener muy claro aún pero finalmente rumbo al toilette donde allí sí nos vamos a despertar luego de ese refrescante pequeño baño de agua sobre nuestro rostro.
Al ver de reojo el reloj notamos que son casi ya más del mediodía por lo cual deberíamos prepararnos el almuerzo aunque como no es uno de esos días en que se «debe hacer nada» pues preferimos entonces salir a dar un paseo a la plaza donde está dando un muy lindo sol.
Allí pues nos encontramos con un colega con quien intercambiamos comentarios mínimos del tipo «qué buen día ha hecho», «cómo te ha ido», «bien, gracias» y este tipo de habladurías que no requieran más saliva que la mínima indispensable.
Poco a poco notamos como el hermoso sol nos va cautivando y llevándonos a recostarnos sobre el banco de la plaza terminando en una bella siesta de sábado a la tarde en la cual no hubieron grandes emociones y eso es justamente lo que pretendíamos.
Despertamos y el sol así como nuestro colega se habían retirado ya de la plaza, quedando sólo algunas palomillas que poco a poco habían ya comido todas las migas de pan. Es así que lerdamente y sin apuros emprendemos el regreso a casa con la gran satisfacción de haber pasado un verdadero día de ocio total.
el 28-06-2008


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