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5 libros que todo mundo malinterpretó (V)

En el Camino de Jack Kerouac
Cómo es que los beatniks se convirtieron en los hipster que beben soporíferos cafés en los Starbucks a lo largo y ancho de la tierra es algo que se explica con a)el analfabetismos funcional y b)el entusiasmo adolescente que nunca abandona a los esclavos de la moda. Y entre uno y otro factor, están las pésimas lectura de las que ha sido víctima la novela seminal de Jack Kerouac, En el Camino.

Desde el punto de vista de los hipsters, la novela de carretera de Kerouac
trata sobre una serie de wannabes literarios que antes que escribir se dedican a la promiscuidad, los viajes, la traducción de poesía china y la acuñación de ingeniosos lugares comunes. Gente, pues, que como los hipster elige un estilo de vida rebelde pero chic, y perfectamente cuadrado dentro de las lindes de lo saludable y lo políticamente correcto. Héroes que cualquier diseñador trendy puede emular sin riesgo.

Sin embargo, la novela de Kerouac apunta, desde su origen mismo, para otro lado.

Ser un beat era ser un “beaten” (apaleado):
los que habían sido dejados de lado por la sociedad y que buscaban desesperadamente su lugar en el mundo. Tal y como Kerouac retrata en su novela autobiográfica a sus amigos: homosexuales, ladrones, adictos, amas de casa, inmigrantes… En El Camino es la crónica de un deambular sin destino ni mérito, pues desde 1940 el mundo es una delicada trampa para aquellos que no se pliegan al mandato social, y tiene a bien seguro evitar que lleguen a eso que una y otra vez en el texto mecanografiado por Kerouac en un rollo de teletipo se nombra “hogar”.

Kerouac mismo era un misfit:
católico rabioso, vivió torturado por un éxito que no deseaba. Le reconocían los hipsters que entonces tomaban café, tocaban los bongos y escribían mala poesía. Nunca obtuvo el reconocimiento de la Academía y la critica que tanto deseaba. Y bebió hasta matarse.

Algo que no pasa, desgraciadamente, por ingerir Cherry Mocha.

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