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50 años de El Almuerzo Desnudo

Aunque siempre detestó ser agrupado bajo la misma etiqueta que los Beat (de quienes, en su mayoría, le separaban más de diez años), William Burroughs (1914-1997) debe el título de su obra más celebrada a uno de ellos: Jack Kerouac, quien ordenó y editó los papeles sueltos regados por doquier en el apartamento de Tánger donde ese hombre escuálido y melifluo (cuya única ocupación conocida era ser adicto) se había exiliado del mundo, de la vida y de la literatura.

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Kerouac leyó y transcribió amorosamente cada una de las notas fragmentarias de Burroughs, y dio un cierto hilo conductor a esas visiones emponzoñadas por la benzedrina sobre un mundo de experimentos sexuales atroces, concienca expandida y vigilancia psíquica en el que el fallido Guillermo Tell (que mató a su esposo de un tiro) creía que iba a convertirse nuestro planeta.

El autor en En el camino llegó al refugió de Burroughs en Marruecos para escapar de los fantasmas de la responsabilidad y el alcoholismo (de los que nunca logró desprenderse y que terminaron matándolo), y sólo se encontró con un Bull Lee en los últimos estadios de la dependencia a la heroína. Lo único que Kerouac podía hacer por su viejo mentor era reunir los pedazos de esa mente reventada por las agujas, y salvaguardar los restos de una de la mejores plumas de la norteamerica del siglo pasado. A Burroughs le tenía sin cuidado.

Cuando terminó su edición, Kerouac tituló el conjunto comoEl almuerzo desnudo“, pues creía que la obra de Bull Lee nos permitía ver lo que nos llevábamos todos los días a la boca en su verdadera y maligna dimensión.

Después buscó un editor, y el resto es historia. El Almuerzo Desnudo se publicó hace 50 años en la misma editorial francesa, especializada en pulps porno,  que dio a conocer Lolita de Nabokov.

Imagen | La Jornada Semanal