Noche y Gastronomia

ABAC: magia en los fogones en el Tibidabo

Barcelona Panoramic with Tibidabo mountain

Jordi Cruz ha alcanzado una especial notoriedad a través del didáctico concurso gastronómico de la Primera, Master Chef. Antes de ser conocido por el gran público, el cocinero catalán ya oficiaba con talento y creatividad en uno de los mejores restaurantes de Barcelona, el restaurante Abac.

Trasladado desde su ubicación inicial en el local de la Calle del Rec,  al número 1 de la Avenida del Tibidabo, junto al hotel del mismo nombre, el restaurante es un precioso espacio de diseño arquitectónico impoluto, que pretende encontrar un pulmón verde y escondite para el relax, en medio de una de las zonas más bonitas de Barcelona.

Jugando con diferentes recreaciones en blanco en las paredes y aprovechando al máximo la luminosidad de sus cristaleras, nos encontramos ante un salón diáfano donde las mesas están dispuestas con la perfecta separación, de modo que cualquier comida resulta privada, íntima y acariciadora.

En la cocina descubrimos una amplia carta completada con una propuesta en la bodega de más de mil referencias y dos menús degustación que tienden a ser la mejor opción para probar la propuesta culinaria de Abac. Así el menú Abac y el Gran Abac nos ofrecen entre diez y doce platos más tres postres, en un festival para los sentidos que maravilla en su originalidad y factura.

Destacamos un muy refrescante entrante de futa de la pasión en versión nitro, de intensidad enorme y divertida recreación, unos juguetones ñoquis de parmesano que se disuelven en la boca, llenos de sabor y una espléndida lubina asada con alcahofas que es pura delicadeza y talento.

Nos maravillamos con dos platos que nos resultan irrepetibles. Un tartar de ternera, ahumado y crujiente a la vez, que nos deja sin palabras por el juego de texturas, sabor y cremosidad  y una gamba de Palamós con rabito ibérico y te de corales, que es explosión en la boca de contrastes mar/montaña en la más delicada de sus creaciones.

Excepcionales postres y divertidos petit fours para finalizar que servidos en el precioso jardín interior son la excusa perfecta para hacer de la sobremesa un tiempo infinito.

Los precios, difíciles pero acordes con la calidad que ofrecen. Un lujo para una vez en la vida del que no se arrepentirán.