Cine y TV

Another Earth (crítica)

Un día, aparece en el firmamento otro planeta tierra. Idéntico al nuestro. El primer contacto con esa Tierra Dos revela algo aún más inquietante [SPOILER ALERT] ahí, arriba, hay una réplica de nosotros, de cada uno, convencida de que la réplica somos nosotros [FIN DEL SPOILER].

Another Earth (Otra Tierra) es una de las estimables y discretas nuevas películas de ciencia ficción que de unos años para acá han llegado a revitalizar el género en la pantalla grande, alejándose de manera voluntaria de los grandes presupuestos y los efectos especiales, y centrándose en tesis inquietantes y paradojas científicas encarnadas en la disolución de la realidad. Una línea de filmes en la que también podemos contar Moon, la opera prima de Duncan Jones, y la aún por estrenar Extraterrestre, de Nacho Vigalondo.

Dentro de esa línea donde la ruptura de la realidad es un mero catalizador para cataclismos internos, Another Earth (primera incursión en el largometraje del hasta ahora documentalista Mike Cahill) presenta, como único efecto especial, a esa tierra replicante flotante y serena en el cielo, una visión que roba la atención de Rhoda Williams (Brit Marling), una joven estudiante de astronomía que va a estrellarse de frente contra un auto familiar.

Años después, tras dejar la cárcel, sin revelar su identidad, Rhoda visita al único sobreviviente de la familia, John Burroughs (William Mapother , el Ethan de Lost), y traba una relación con él, buscando una redención imposible, mientras un sitio web lanza una convocatoria cuyo premio es un viaje a la Tierra 2.

Delicada y minuciosa en el rastreo de sus personajes, notable curso de arte cinematográfico que cuestiona en voz baja sobre la naturaleza del destino, Another Earth es uno de esos pequeños grandes filmes que deja con más preguntas de las que contesta: ¿Qué haríamos, pues, si el espejo aparece, y está roto? Si todo pudiera cambiar…