Arte

Arte bajo los efectos

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El artista adinerado, contratado para pintar pomposos retratos de la realeza y la aristocracia; el que era apreciado por su capacidad de mimesis, por captar la realidad exactamente como era; el artista academicista murió en el siglo XIX. La revolución industrial y los cambios que la sociedad estaba viviendo, a todos los niveles, dieron a luz a un artista muy diferente, que intentaba mostrar otro punto de vista y que por ese motivo era despreciado por los que marcaban los patrones de lo que el arte debía ser. Y se daba a la bebida, al opio, y moría generalmente joven, más bien pobre y sin que su talento hubiera sido del todo reconocido.

Llegó el siglo XX y, si bien el arte evolucionaba y valoraba las nuevas vanguardias, los artistas se morían por seguir innovando, por mostrar de una manera llamativa los horrores de la guerra, por enseñar a la sociedad cómo se sentían en un mundo que iba más rápido que nunca. Pero para hacerlo de una manera innovadora, había que destrozar la memoria, olvidar todo lo que había existido antes y dejar volar la imaginación. Pero a veces, las alas son demasiado cortas y se necesita un motor de propulsión, momento en el que entran en juego las sustancias psicotrópicas.

La relación entre el artista moderno y las drogas nunca ha sido un secreto; desde los litros de absenta que consumía Toulouse Lautrec a los viajes de LSD en los que se embarcaba Jackson Pollock para pintar sus cuadros. Para mostrar esta tormentosa relación, el 15 de febrero se abre en La Maison Rouge de París (por si alguien tiene la suerte de visitar la capital francesa) Sous influences (bajo la influencia), una exposición que recoge obras de   casi un centenar de creadores que han trabajado bajo los efectos de drogas. ¿Hubiera sido el arte contemporáneo lo mismo sin estas sustancias? La polémica, y las altas dosis de cocaína, mescalina, y otras, están servidas.

Foto: Autorretrato bajo los efectos del Cristal, Bryan Lewis Saunders