Noche y Gastronomia

Cañadío: Cantabria en Madrid

Pinchos en cañadio

Más de treinta años de historia a sus espaldas han convertido al Cañadío de Santander en una auténtica institución gastronómica en la capital cántabra. Hace unos años sus dueños y almas maters del proyecto, Paco Quirós y Teresa Monteoliva decidieron abrir sucursal en Madrid y la capital disfruta desde entonces de un maravilloso local que es un acierto seguro tanto para tapear como para una comida más sosegada.

Es el local madrileño, situado en el barrio de la Guindalera, en la calle Conde de Peñalver 86, una magnífica opción para dejarse caer por su trufada barra, y degustar alguno de sus suculentos pinchos. Excepcionales espárragos rebozados, sorprendente y suave tortilla, magníficos boquerones en vinagre o suculentos pinchos de pulpo entre otras muchas opciones, todas convincentes.

Con el calor del incipiente verano, Cañadío abre además una concurridísima terraza de preciosas mesas con manteles impolutos, donde gozar de una cena informal entre los mejores productos de la casa.

Su comedor principal, con predominio de un intenso rojo y la presencia de algunos destacados cuadros de inspiración contemporánea, es un canto a la modernidad y al buen gusto, incluyendo la muy en boga en otros muchos locales, cocina a la vista, donde oficia un gran equipo comandado por Beatriz Fernández y Jesús Alonso.

Amplia carta con raciones que convencen por su cantidad y calidad, síntoma no tantas veces recurrente en las mesas madrileñas. Un recorrido entre la tradición y algunos guiños renovados que nos ofrece entradas sugerentes como los huevos con foie, boletus y jugo de carne o sus excepcionales bocartes sobre tomate y aros de cebolla en tempura, fresquísimos y de original acompañamiento. Buenos pasteles de pescado y verduras, más revueltos, ensaladas y menestras de alto nivel.

En los pescados, son espléndidos sus lomos de bonito encebollado, clásicos e imprescindibles o un bacalao confitado en su pil pil, que hace llorar.

Buenas carnes, desde carrilleras hasta un sensacional lomo de vaca y ese guiso que aún recordamos denominado capipota y que es un plato meloso de morro y pata con huevo frito, que no responde a los cánones vegetarianos, por ser comedidos en la definición.

Del postre, sólo pida esa famosa tarta de queso, que es motivo de peregrinación para muchos clientes de este maravilloso local.