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"Capitán América, el primer vengador" (crítica)

A mitad de camino entre la crítica del nacionalismo a ultranza y el puro nacionalismo a ultranza se encuentra la nueva cinta de Marvel, “Capitán América, el primer vengador”, protagonizada por Chris Evans.

Aunque le falta la barba, la galera y el dedo señalando hacia adelante, el Capitán América ha sido (históricamente) una especie de Tío Sam que sale a combatir contra los males que amenazan a la sociedad estadounidense a puño limpio. Sin embargo, en la película que recientemente se ha estrenado, hay un intento por ver esa faceta patriótica in extremis desde otro punto de vista. A saber: el personaje Capitán América nace en la película como una campaña propagandística para recaudar fondos y no como el salvador de la sociedad estadounidense amenazada por un peligro encarnado por un ser con un rojo rostro esquelético.

Sin embargo, la cinta no puede traicionar ciertos sucesos fundamentales del comic y, obviamente, nos muestra como el superhéroe que encarna todas las virtudes del American way of life logra prevalecer ante un villano que es nazi por su acento y soviético por lo rojo de su rostro (en otras palabras, malo malo malo para la óptica estadounidense de los años 40).

Lo cierto es que la película funciona como pieza del género de superhéroes: un sujeto común se convierte en un ser sobrenatural por un suceso accidental y como consecuencia decide utilizar sus nuevos poderes a favor del bien. Los efectos visuales son destacables, hay momentos con guiños simpáticos y peleas cuerpo a cuerpo con efectistas coreografías que se destacan aún más gracias a la utilización de la cámara lenta (a estas alturas, toda una marca de estilo dentro de las películas de acción).

Correcta y con una cierta dosis de autocrítica, la película funciona como film de superhéroes y promete con un final abierto y unas escenas luego de los créditos que nos anticipan lo que será la esperada reunión de varios superhéroes de la factoría Marvel (“Los vengadores”).

Imagen: dscuento