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Chicas malas de la literatura: George Sand

George Sand (1804-1876) es otro de los nombres que sumamos a nuestra relación de las chicas malas de la literatura. Lo primero que salta a la vista apenas y se le conoce es que, bueno, la prolífica escritora nacida como Amantine Lucile Aurore Dupin, decidió hacerse llamar George (Jorge) para firmar sus trabajos. Una nada mala estrategia para hacerse conocer en un tiempo que se destinaba a las autoras al anonimato cuando no a la condición de rarezas.

El punto es que George Sand fue más allá en su travestismo nominal, y además de hacerse llamar como un hombre, se vestía como uno. ¿Desviación psicológica o ganas de escandalizar? No: Sand encontraba la ropa masculina de la era victoriana más práctica de llevar que las numerosas y voluminosas prensas que se obligaba a llevar a las mujeres.

Además, George Sand también fumaba tabaco en público… algo que no acostumbraban las señoritas de su época, y que no les era bien visto.

Sand fue una prolífica autora que incursionó en diversos géneros: escribió varias novelas, obras de teatro, crítica y una vasto volumen de memorias. Perfectamente justificadas si se toma en cuenta su agitada vida amorosa: casada a los 19 años, divorciada nueve después, y relacionada en algún momento de tu vida con figuras de la talla de Prosper Mérimée y Frédéric Chopin.

George Sand se ganó el ingreso en los cursos de literatura francesa por obras como Indiana (1832), Lelia (1833), El compañero de Francia (1840), Consuelo (1842-43) y Los maestros soñadores (1853).