Cine y TV

Clint Eastwood nos da su mirada sobre el FBI

La más reciente cinta del mítico intérprete de Harry el Sucio y William Munny es una revisión sobre uno de los órganos más oscuros de la vida de los Estados Unidos: el FBI. Y nadie representa mejor los siniestros manejos de La Agencia que su fundador y líder espiritual: J. Edgar.

Uno de los grandes Actores de los últimos años, Leonado DiCaprio, tiene el protagonismo absoluto de esta cinta de Eastwood, en el piel de J. Edgar Hoover, el hombre detrás de la Oficina Federal de Investigación. Una cinta a la postre rara, pues muestra un inusual compromiso político al retratar en toda su dimensión a Hoover: como fiel agente del gobierno norteamericano, como imaginativo conspirador y como homosexual oculto.

Con un cuadro que completan Naomi Watts y Clyde Tolson, J. Edgar muestra la degeneración del cuerpo anticorrupción que pasaría a convertirse a lo largo de la holgada administración de Hoover (1924-1972) en una herramienta para satisfacer sus caprichos personales y su visión del deber ser en la política norteamericana.

El retrato de Hoover logrado por Eastwood es fascinante: hombre dominado por su madre, enredado en una relación platónica con su secretaria, atraído por su secretario (con quien nunca habría consumado sus deseos), dictador de varias versiones contradictorias de su propia vida (que la cinta intenta desmitificar), la de J. Edgar es una vida que muestra la corrupción del poder que puede producirse en aras de un deseo insatisfecho, la manera el poder puede ser dominado por el patético impulso de un amor cobarde.