Noche y Gastronomia

Coque: un oasis gastronómico en las afueras de Madrid

Vegetables

Coque es un oasis en medio de una zona sin demasiadas referencias gastronómicas reseñables. Ubicado en Humanes, un pueblo del sur de Madrid donde nadie parece anticipar tan sofisticado comedor, Coque responde al mantenimiento de la tradición del restaurante familiar de la familia Sandoval, a la completa renovación de sus raíces primeras.

Las mismas que vieron nacer al catódico y conocido Mario Sandoval, ese joven chef madrileño que competía con el inefable Arola en el primer reality gastronómico de nuestra tele. Comer en Coque es sobre todo un homenaje al cliente, un poner en el centro de todo al comensal y ofrecerle una experiencia que trasciende el sentarse en una mesa y que “te pongan de comer”. Coque es mucho más que eso. La visita se concibe como un recorrido en varios pasos para conocer las sorpresas que depara la casa. Ya se haya elegido su menú de degustación de 80 Euros o el muy generoso en extensión de 110, toda visita comienza en su preciosa bodega, acristalada en su suelo para poder contemplar a nuestros pies la multitud de referencias de una bodega extensísima y exquisita. Todo un goce para los sentidos en las que el mejor de los enólogos se sentirá como en casa.

En esta sala nos reciben con un excelso coctel de bienvenida acompañado de los primeros aperitivos, dentro de una urna acristalada sobre la que cuelgan a modo de árbol sorpresas de sabores intensos y texturas diversas. Desde aquí, trasladados por un discreto ascensor, apareceremos en el corazón de Coque, su cocina. Recibidos por el propio Mario Sandoval y su equipo, compartimos opiniones sobre su concepto culinario, sobre el porqué de lo que vemos y comemos. Un lujo. Ya en el comedor el festival es interminable destacando algunos trampantojos delicados y por encima de lo demás, su sensacional tratamiento de las verduras, pescados y mariscos, delicadeza con mayúsculas, sabores nítidos y depurados. Pura magia. Para terminar, un nuevo salón donde relajarnos y degustar buenas propuestas a los postres, así como petit fours que merecen el mejor de los cafés y la más añeja de las copas. Toda una celebración de los sentidos.