Cine y TV

Crítica: Chronicle

El bullyng o acoso escolar es un tema de moda: su incidencia ha aumentado en los últimos años de manera global, y los suicidios de chicas y chicos que no pudieron más con las bromas de sus compañeros se elevan en tanto que la población escolar se polariza bajo un mandato urgente: acabar con los raros.

Estrenada bajo el título de “Poder sin límites”, Chonicle es otra de esas cintas del “metraje encontrado”, aunque en este caso se abandona el terror para introducirnos en un film de superhéroes.

Y en esa tradición (tan cercana a Spiderman) la película de Josh Trank con guión de Max Landis es una dolorosa metáfora sobre la inadaptación y el maltrato escolar: ¿Qué pasaría si obtienes superpoderes y no te sirven de nada?.

Un adolescente (Andrew) comienza a grabar en vídeo su trágica vida: su madre sufre de una enfermedad terminal y su padre es un bombero desempleado que maltrata a su hijo sin pretexto alguno . Las cosas en el colegio no mejoran, en particular porque su amigo más cercano es el guapo de la escuela (Matt). Junto con un aspirante a presidente de la clase (Steve), encuentran un extraño objeto en una caverna. El resultado: pueden volar y mover cosas con la mente.

Chronicle presenta la evolución de sus poderes, y también la manera en que Andrew se desmorona ante su imposibilidad de romper esa barrera que la ha impuesto su condición de ser un “don nadie”, ni siquiera cuando logra volar.

El mérito de Chronicle es la forma en que la cámara de vídeo empaña los efectos especiales: esa perspectiva forzada y apresurada los hace más espectaculares, y dota de una inteligencia inusitada a esta que debería ser la película de superhéroes del año, y sobre el bullyng.