Cine y TV

Crítica: Cosmópolis

El 11 de octubre se verá en España el último esfuerzo de uno de los más interesantes cineastas de las últimas décadas, David Cronenberg, que se ha decidido a abrevar de una de las novelas clave de la reciente literatura norteamérica: Cosmópolis, de Don DeLillo. El resultado nos tememos que es irregular, pero no por la participación de Robert Pattinson

Una novela difícil

La trama de Cosmópolis permite muy poco movimiento: un joven millonario quiere cruzar Manhattan para hacerse un corte de pelo. En el trayecto, a través de una ciudad desquiciada por amenazas contra polpiticos y cierres de calles, se encuentra con diversos personajes que han de terminar por sacudir todas sus certezas.

Una novela que obliga a la oralidad, y cuyos diálogos se centran en la América del tiempo de la novela (el 2003, que ya no es el 2012), al encierro en un auto, y a la presentación de personajes alienados, sin mucha carne de la cual asirse, no ofrecen el mejor panorama para un director que se mueve mejor en los alucinados terrenos de las mentes torturadas (Spider) y en la exploración de los límites de la carne impulsada por la tecnología (Crash).

Facinante, pero anticinematográfica

De manera que nos mostramos de acuerdo con todos los reseñistas que ven en esta cinta una exhibición de dos horas de gente hablando. Con grandes frases, pero sólo hablando…

La radiografía que se expone ante el espectador de la América corporativa y desalmada es atinada, y fascinante, pero nos tememos que no muy alejada de una lectura dramatizada del original