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Crítica: La vida es muy corta

Seguramente no recuerdas Willow (Ron Howard, 1978): una película que siguió al éxito de los ewoks en El Retorno del Jedi, protagonizada por Warmick Davis. De hecho, a pesar de que nadie vio Willow, podemos afirmar que Davis es uno de los actores más vistos en el mundo, aunque nadie recuerde su cara… Y es que Davis ha participado en la saga de La Guerra de las Galaxias, Harry Potter y Las crónicas de Narnia. Desgraciadamente, sólo ha mostrado su rostro en Willow, pues ha estado detrás de los ewoks y de Griphook… Sí: Davis es el enano más célebre del cine moderno.

Lejos de ingresar en los cursos de historia del cine, la vida de Warmick no ha sido fácil: los años pasan, el trabajo para los enanos en el cine escasea… y hay que buscarse la vida.

Life’s too short (La vida es muy corta) es una serie escrita y producida por el mismo tándem de The Office y Extras: Ricky Gervais y Stephen Merchant, en compañía del mismo Davis. La serie es un falso documental sobre la vida y decadencia el enano actor en pleno divorcio, en busca del papel que reviva su carrera, mostrando los humillantes trabajos a los que debe someterse para pagar las facturas y la vida cotidiana (más bien atroz) en su agencia de talentos: “Enanos en renta”.

Como era de esperarse, y al igual que en The Office y Extras, el humor de Life’s too short se da por situaciones patéticas, tristes, de involuntaria comicidad y risas poco garantizadas. Cada episodio, como en Extras, cuenta con el cameo de un famoso, invaluable. Por la serie ya han pasado Liam Neeson, Johnny Depp y Helena Bonhan-Carter… haciendo de sí mismos, en un juego de espejos muy atractivo.