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Crítica: Men in black 3

Los hombres de negro vuelven a tener en sus manos la protección de la Tierra, amenazada por fuerzas extraterrestres. Los agentes J y K vuelven a ser los protagonistas de esta cinta de ciencia ficción y comedia que, como las anteriores entregas de la saga, vuelve a ser dirigida por Barry Sonnenfeld.

Boris, un vengativo extraterrestre, escapa de una prisión lunar para tomarse revancha del agente que lo privó de uno de sus brazos, K. Boris consigue viajar en el tiempo para exterminar a K, sin embargo J se percata de ello y viaja a los ’60 para impedir que Boris tenga éxito.

Ágil, entretenida y con varios pasajes cómicos, “Men in black 3” sigue la línea de los films anteriores, pero con una importante novedad: en esta cinta el agente K es interpretado por dos actores diferentes. Tommy Lee Jones es el viejo cascarrabias de K en su vejez, mientras que un muy bien caracterizado Josh Brolin le da vida a un K más joven que es bastante más festivo que su versión del siglo XXI.

Desde luego, no faltan los efectos especiales para crear este singular mundo donde conviven humanos y extraterrestres camuflados, lo cuál es una invitación a ver la película en 3D, y, como en las dos entregas anteriores, Will Smith vuelve a demostrar que su capacidad cómica sigue intacta.

Por último cabe destacar que esta tercera parte aporta al espectador importantes novedades en la historia de la relación entre J y K que resignifican lo que se sabía hasta el momento del vínculo entre estos dos personajes.