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Crítica: Sombras tenebrosas

Luego de 200 años atrapado en un ataúd, un vampiro vuelve a caminar entre los mortales para vengarse de la bruja que lo condenó a ser un monstruo. A mitad de camino entre la comedia y el terror se encuentra “Sombras tenebrosas”, la última película de Tim Burton con Johnny Depp como protagonista.

Barnabas Collins es un joven de una rica familia británica que emigró a Estados Unidos a finales del siglo XVIII. Angelique, una sirvienta de la casa Collins, está perdidamente enamorada de él, sin embargo su amor no es correspondido: Barnabas solo tiene ojos para Josette, sin embargo no sabe que Angelique esconde un oscuro secreto que lo condenará para siempre. Ella es una bruja que hechizará a Josette para que muera y lo condena a Barnabas a convertirse en vampiro para sufrir por toda la eternidad. Como si fuera poco castigo, Angelique se las ingenia para que la población de la ciudad donde viven lo encierre a Barnabas en un ataúd y lo entierre. Ahí permanecerá por 200 años, hasta que por una singular circunstancia vuelve a la superficie para recuperar el buen nombre de su familia. Sin embargo, han pasado dos siglos y muchas cosas han cambiado, aunque hay una que sigue igual: su eterna enemiga Angelique que, bajo el alias de Angie Bouchard, ha logrado llevar prácticamente a la ruina a los descendientes de Barnabas en beneficio de su propia empresa.

Con poca tensión en los giros más tétricos y pocas carcajadas arrancadas al espectador, “Sombras tenebrosas” no se define ni por ser una película de terror, ni una comedia. Oscila constantemente entre ambos géneros sin llegar a aprovechar en ningún caso los mejores recursos de cada una de estas estructuras narrativas.

Johnny Depp en su rol de un vampiro atemporal carece completamente del carisma que logra desbordar en otros films que realizó con Burton, aunque Eva Green le da vida a una malvada bruja de brillante envoltorio y oscuro contenido. Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter y Cristopher Lee le dan al reparto el toque de grandes nombres necesario en un film mainstream en el que también destaca la presencia del rockero Alice Cooper haciendo de sí mismo.

Estilizada visualmente como todos los films de Burton, pero lejos de ser una de las mejores piezas realizadas por la dupla que integran el director y el protagonista del film, “Sombras tenebrosas” apenas cumple con algunos pasajes simpáticos y no mucho más.