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Crítica: The Dark Knight Rises

arrives at the Inception Premiere

Hemos esperado a que descendiera el ánimo que lleno las redes con el estreno de la última entrega de Batman según Christopher Nolan para no dejarnos influenciar por otras opiniones y por la sombra de los terribles hecho de Aurora, de manera que pudiéramos evaluar la cinta por lo que es, y no por lo que la rodea. Y esta es nuestra crítica.

El adiós de Batman

La despedida del Batman de Christopher Nolan, The Dark Knight Rises, no es la mejor de las tres cintas de esta saga, pero si es la más interesante. A diferencia de la primer cinta (deudora en extremo del cómic que la da origen) y de la segunda (donde la interpretación de Heath Ledger como The Joker opacaba a Batman al punto de hacerlo un mero invitado de su propia cinta), The Dark Knight Rises se separa se las cintas de superhéroes, y se convierte en un thiller político.

La historia de un sitio

The Dark Knight Rises, a pesar de sus errores y miscasts, tiene el enorme mérito de haberse atrevido en esta último tramo a mostrarnos el horro de una ciudad sometida a sitio. No es tanto una película sobre Batman y Bane, como una película sobre el horror de la disolución social.

El discurso que Bane (un soberbio Tom Hardy) da frente a la cárcel de Gotham City arengando a las masas a recuperar lo que es suyo (con juicios, con sangre, con botín) es el llamado que subyace en toda revuelta social, pero también es la motivación de las formas más tumultuarias del crimen.

¿Qué tan acertado es el retrato que hace The Dark Knight del estado del mundo, con criminales que no quieren meramente el poder, sino la agonía de urbes enteras? Los cadáveres colgados de los puentes, como si Gotham fuera alguna ciudad mexicana tomada por el narco… Todos podemos ser el villano, y muy poco son y serán Batman.