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Crítica: The Raven (El cuervo)

Jonh Cusack como Edgar Allan Poe y Edgar Allan Poe como un involuntario cazador de asesinos seriales… Eso es más o menos lo que promete “The Raven” (estrenado en nuestro idioma como “Guía para un asesino”, debido a que los distribuidores siguen creyendo que quienes hablamos español padecemos de algún tipo de incapacidad para comprender el título de una película son obviedades sobre su trama). Y hay que decir que la cinta de James McTeigue cumple con ello, y un poco más.

El director de “V de Vendetta” ofrece un atractivo juego metaliterario que funciona tanto para el conocedor de la obra de Poe (y que disfrutará con todas las pequeñas citas y claves regadas por doquier) como para quien no sabe nada del autor de “El Cuervo”, “El Pozo y el Péndulo” y “Los Crímenes de la Rue Morgue”.

La historia es sencilla: en la Baltimore del siglo XIX, un asesino reproduce los siniestros cuentos e Poe en sus crímenes, y la policía recurre al autor de “El gato negro” para darle caza. Sin embargo, pronto el juego cambia de signo, y Poe debe escribir lo que el asesino hará para salvar la vida de su prometida, enterrada viva

Filmada en Hungría y Croacia para reproducir la Baltimore de 1849, “El Cuervo” tiene su favor la presencia de una ciudad fantasmal y decadente, y la eficiente labor de Cusack como un Poe que sí da la talla en su carácter romántico y grotescamente divertido. Como pieza detectivesca, es un logro, y lo es también como iniciación en la obra de Edgar Allan Poe.