Cine y TV

Crítica: Un Dios Salvaje

Para su última cinta, Roman Polansky elige adaptar una exitosa obra de la italiana Yazmina Reza, y el resultado es Carnage (2011), Un dios salvaje en su traducción al castellano, y una cinta sobre los avatares de ser padres de familia y las imposibilidades que conlleva, en un esfuerzo más bien decepcionante, a pesar de las loas que ha recibido por todas partes, y de que sin duda se convertirá en materia de curso de cine…

En Un Dios Salvaje, dos niños se enfrentan en un parque. Uno de ellos sale con dos dientes de menos. Los padres de las criaturas se reúnen para zanjar el tema, pero pronto la discusión en el departemento de una de las parejas deriva en temas que en apariencia no tienen nada que ver con los niños, pero que son la esencia del contrato social: las apariencias, la ética, la sociabilidad, las caretas

Debe ser el tiempo que ha pasado desde su escritura, pero el original de Reza ha perdido mucho de su fuelle, y sus críticas a la vida cómoda y burguesa (bajo la que yace, nos dice, el Dios de la Masacre, siempre dispuesto a enseñar los dientes) son ya un lugar común, no importa lo bien que diga sis diálogos el excelente cuadro de actores elegido (Jodie Foster, Kate Winslet, Christph Walts y John C. Reily), ni el impresionante manejo de los espacios claustrofóbicos que posee Polansky: al espectador siempre le queda la sensación que va a ocurrir algo que nunca ocurre, y lo peor: que no se termina de decir algo muy importante (en ua cinta donde, esencialmente, se habla todo el tiempo).