Arte

Cuando el arte sale a la calle

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Dos Bobbies se funden en un apasionado beso. Un policía registra la cesta de Dorothy, la protagonista de El Mago de Oz. Una sirvienta esconde la suciedad tras un muro. Son imágenes que todos hemos visto, que forman parte de la cultura popular y, sobre todo, de las calles de Londres o de Bristol, de los muros en los que viven.

El padre de estas creaciones es casi un desconocido. Se apoda Bansky, pero su identidad real nunca se ha podido contrastar del todo. Poco más se sabe a parte de que nació en Bristol en torno a 1974 y que es hijo del empleado de la copisteria donde se aficionó a las artes gráficas. Eso y que es uno de los artistas callejeros más brillantes de las últimas décadas, con una enorme influencia en el arte del grafiti.

Su arte es inconfundible; su arma, el spray. Con él pinta las críticas más ácidas y guerrilleras, pero algunas escuecen, y mucho. De las 52 obras con las que Bansky ha pintado las paredes de la ciudad de Londres, 40 han sido robadas, destruidas por error o accidente o, en una respuesta política, tapadas con pintura por los dueños de los edificios o locales. Mucha gente se muestra descontenta y prefiere acabar de un brochazo con las imágenes del artista, sin tener en cuenta el valor añadido que aportan a los edificios, no sólo a nivel artístico, sino también económico.

Y es que a veces el arte, cuando es combativo, tiene más poder que cualquier arma.