Noche y Gastronomia

De brunch por Madrid

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Ahora que se acercan las fechas navideñas donde los excesos de copas prometen alguna que otra inoportuna resaca, degustar un brunch se convierte en una buena opción para recuperar fuerzas y saborear un suculento y reparador menú. Concebido como una mezcla entre el breakfast y el lunch, el brunch conjuga lo mejor de un picoteo salado informal y lo más delicado de los dulces al desayuno. En copas y tazas los más intensos tés y cafés, los más frescos zumos naturales.

En la capital las opciones son innumerables-moda obliga-, desde las más elegantes propuestas como el interminable y carísimo bufet del Palace con mariscos, quesos, jamón y foie acabando con su famosa fondue de chocolate para acompañar con frutas y golosinas. En el Bistró de la Central encontraremos moderneo del fino mientras degustamos unos huevos benedictine o entonamos la garganta con un bloody mary.

Pasar por Café Oliver es hacer un homenaje al primer local que en la capital se decantó por este tipo de propuestas. Chocolates, zumos, benedictines, ensaladas cesar o golosos pancakes para un ambiente desenfadado y lúdico. En Malasaña elegimos los pasteles y baggels de Martínez Bar aderezado a veces con sesiones de jazz en directo y a un precio más que razonable. Cerca de este, un poco de canalleo en In Situ donde podemos degustar panes de lo más diversos, acompañados de mermeladas naturales y grandiosos huevos revueltos biológicos. Para acompañar, sin ánimo alguno de ser tímidos, buenísimos bellinis o mimosas de champán.

Un poco más abajo, en San Vicente Ferrer no dejéis de probar las hamburguesas de Carmencita, entre las que nos quedamos con esa Hammer de sensual provolone con pimientos verdes fritos. Para los valientes, huevos rancheros con guacamole.

Y los más iconoclastas y exóticos tienen su propuesta en Chueca donde podemos recaer en La Candelita, ese venezolano exquisitamente decorado que prepara su brunch dominical con cachapas de la tierra y al que acompañan alguno de los mejores cócteles de la ciudad. Acabamos con  bolsillos pudientes y engominados para los que Ramsés nos recibe a mediodía con la Puerta de Alcalá de fondo o el Ritz que pone a los pies de quien pueda, todo su señorío como vitamina.