Cine y TV

District 9: Marciano vete a casa

Hay un puñado de películas que llevan el cine a un nuevo nivel, y buena parte de esos filmes son cine de género (Metropolis, 2001, Blade Runner). Quien esto escribe no sabe si District 9 será una de ellos, pero le gustaría que así fuea, pues de trata de una obra que hace de la mixtura de formatos, el comentario social, el sentido del humor y la épica romántica (sí, el amor) una propuesta atractiva e indeleble, como no se había visto en años.

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District 9 es la extención del corto Alive en Joberg (2006) de Neill Blomkamp, un director sudafricano que creó, con esta joya de seis minutos, realizó una tensa metáfora sobre el racismo y la exclusión social:

httpv://www.youtube.com/watch?v=iNReejO7Zu8

District 9 conserva del corto su desolador discurso social y el formato del falso documental para contar la historia del guetto extraterrestre de Johannesburgo.

En los ochenta, un gigantesco platillo volador queda varado sobre la capital sudafricana. Dentro hay un millón de alienígenas adictos a la comida para gato. Las autoridades colocan a los recién llegados en un guetto (el Distrito 9 del título), y el rechazo de la población nativa ante seres que se comportan en toda regla como un homeless promedio, hurgan en la basura, realizan extraños experimentos con vacas y ponen unos huevos asquerosos, no se hace esperar, la situación no mejora veinte años después, cuando la población de los Cangrejos ha llegado al millón y medio, y su guetto es controlado por traficantes de armas (que cambian el sofisticado armamento de los extraterrestres por latas de comida para gato). Como cada vez es más difícil mantener a raya a los cangrejos, las autoridades sudafricanas deciden “reasentar” a los refugiados; unaa operación con terribles consecuencias.

Neill Blomkamp cuenta su historia valiéndose de testimonios, fragmentos de noticieros y grabaciones de cámaras espía… A diferencia de otros intentos de falso documental fantástico (como Rec, El proyecto de la Bruja de Blair o Cloverfield), Blomkamp no se olvida de que hace cine, y el espectador no sufre de mareos ni tiene que entrecerrar los ojos para presenciar un relato vertiginoso , donde los efectos especiales sirven al relato sin perder su brillo, y se ensucian con el polvo del Distrito 9.

District 9 es, a la par que una revisión en clave de ciencia ficción del apartheid afrikaan, es también una parábola sobre la esencia de lo humano (como lo fueran Blade Runner, Metrópolis y 2001). Las cámaras, conforme avanza el metraje, se van acercando a la figura repugnante de los Cangrejos, rhasta que en el último tramo de la historia los muestran como seres fascinantes (pacíficos, tolerantes y llenos de un entrañable sarcasmo), más humanos que sus cazadores, los miembros de las Multinaciones Unidas (una ONU alternativa que no oculta el verdadero trasfondo de las políticas de derechos humanos del Primer Mundo).

Otra metamorfosis, más profunda, es la que termina sufriendo Wilkus (Sharlto Copley), el patético funcionario designado por su suegro para llevar a cabo el traslado del guetto. Un personaje que comete una estupidez tras otra, como un tránsfuga de The Office, pero que al final de Distrito 9 se redime con el coraje de los que saben irremediable la pérdida de la persona amada. La última escena de la película es toda una delicada metáfora sobre los vínculos que nunca se quebrantan entre los excluidos y sus represores, y vale por todo el cine bien intencionado que hemos sufrido sobre la agonía de África. Y, sí, también es una evidencia sobre la sobrevivencia del amor.

Imagen | Wikipedia