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El año de Virginia Woolf

Hace 71 años, un 28 de marzo, la que se considera sin duda la más grande escritora del Siglo XX escribió una carta a su esposo: “Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo.” Y después fue a ahogarse al río Ouse, con rocas en los bolsillos.

Virginia Woolf entró así al lugar común que define a las escritoras como locas y suicidas, una etiqueta que ha pesado sobre ellas más que el imponente volumen de su obra, un legado que este año es ya del dominio público, y que gracias a ello está por vivir un relanzamiento, con la recuperación de mucho de sus títulos y la traducción  de varios inéditos en español. Además, con motivo del aniversario, verán a la luz diversos estudios sobre la autora de El Faro.

Sobre el estilo de la Woolf han corrido mares de tinta, sin que ello se haya valorado en su justa dimensión el peso que ha tenido sobre las generaciones de autores y autoras posteriores a ella. Baste decir que su obra perfila y establece el uso del monólogo interior como un recurso universal, donde el libre flujo de la consciencia modela al lenguaje, y con ello al mundo.

Entre las obras que llegan al español se encuentran La muerte de la polilla y otros ensayos (los artículos críticos recopilados póstumamente por Leonard Woolf, su viudo), Fresh-water (la primera y única obra de teatro de la Woolf) Flush (novela desde el punto de vista de un perro) y el célebre ensayo feministas Un cuarto propio.