Cine y TV

Crítica: El Dictador

“El Dictador” es el título de la última provocación de Sacha Baron Cohen, quien sigue la misma línea de su Borat (2008), pero pérdida la frescura y de lleno en el lugar común de las cintas “en contra del horror del Oriente Medio”. Una larga serie de chistes “políticamente incorrectos” no oculta el vacío que subyace en una propuesta que hubiese tenido sentido hace algunos lustros en un programa como Saturday Night Live.

Avejentada crítica

Baron Cohen abandona el tono semidocumental de sus esfuerzos anteriores, y se mete de lleno en una cinta sobre lo que Estados Unidos entiende que es una dictadura en el Oriente Medio. Ya no se trata, pues, como en Borat, de desnudar el alma americana en toda su ignorancia y con todos sus fobias, sino de ilustrar viejas y manidas ideas sobre los dictadores a la Sadam Hussein. No hay nada que no se haya visto en otros filmes, gags, parodias y otros productos cómicos norteamericanos. Eso sí, Baron Cohen los dice con menos gracia.

Escatología al centro

La trama de “El dictador” es sencilla: Aladeen (sí, como el de “Las Mil y Una Noches”) es un dictador que viaja a los Estados Unidos para dar un discurso en la ONU. Ahí es secuestrado y sustituido por un doble, y despojado de su poder, se refugia en la tienda de unos altermundistas.

De esa manera todo queda servido para que Baron Cohen se dispare con chistes contra judíos, árabes, neoyorquinos, lesbianas, militantes, etc., y con ello la cinta no se diferencia mucho de (digamos) una velada en el bar con el guarro de la oficina.