Cine y TV

El gato con botas: la vida sin Shrek

Llega a la cartelera española otra entrega de Shrek … O una precuela de Shrek: El gato con botas (Chris Miller, 2011) basado (muy pero muy vagamente) el cuento original de Charles Perrault, y sobre un guión de Brian Lynchand. Se trata de una película de animación en la misma línea del trazo grueso y en la iconografía  que los usados en las cintas  del ogro verde, pero que en este caso narra las aventuras que el encantador gato padeció para llegar a su encuentro con el burro parlante y Shrek.

Como en las cintas originales, El gato con botas cuenta con la voz del felino a cargo de Antonio Banderas, con el agregado de Salma Hayek (cuya más célebre colaboración con el malagueño aconteció en la dos entregas de El Mariachi), y con la voz del gordo de Resacón en las Vegas, Zach Galifianakis.

A pesar de que la saga Shrek ha vivido una horas extras realmente malas (la última entrega padecía de un desgaste descarado de la fórmula), este El gato con botas llega con una energía renovada y plausible, que hace esperar que el gato se gané su propia línea de películas (si se considera, además, que su presencia era uno de los mayores atractivos de Shrek desde la seguna parte).

El gato con botas, sin embargo, y a pesar de ser lo mejor de la serie Shrek, no es por ello una gran película, ni siquiera una gran cinta de animación (la técnica no es el fuerte de Dreamworks). Aunque, eso sí, los ingredientes están en su lugar y en la dosis precisa: notable uso del 3D, chistes buenos a cargo del gato, homenajes a granel de toda cinta, canción (con las ya clásicas coreografías absurdas), serie, personaje de la farándula que pueda estar en la mente de los padres… pero después de un promisorio inicio, la trama se pone absurda y predecible, y lo que queda es sentarse a disfrutar del carnaval sin atormentarse por no estar en los terrenos de Pixar.

Mezcla del cuento tradicional de El gato con botas y de Juanito y las habichuelas más un poco de Alicia en el País de las Maravillas, la cinta resiente algo de su planteamiento al nivel de cinta infantil para vídeo (que era la idea original), y no nos ofrece la grandeza que el personaje central aspiraba… Al fin y al cabo, no se sobrevive cientos de años en el imaginario colectivo para no llegar más lejos que una buena tanda de gracejadas.

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