Libros

El lector de cuentos

La lectura es una actividad que se puede abordar de distintas maneras. Desde una temática en particular, pasando por un género determinado o un formato literario en específico, cada variedad escrita propone un enfoque diferente. Por eso es que existen diferentes tipos de lectores.

En general, cuando se habla de lectores se piensa en aquella persona que con regularidad practica el hábito de la lectura especialmente en novelas de ficción. Pues bien, el mundo de lo escrito trasciende la lectura periódica, el formato novela y el género ficción. Hay quienes son lectores regulares ocasionales (aquellos que leen mucho durante cierto momento del año, generalmente el verano), lectores esporádicos (que pueden encarar la lectura de un texto extenso, pero al concluirlo pasan un prolongado tiempo hasta que se adentran en otra lectura) o los hay quienes hacen una lectura estudiosa por investigación, placer o estudio.

Pero también cabe destacar que para cada tipo de lector probablemente encontremos uno o varios formatos literarios que le pueden calzar exactamente. Me quiero detener específicamente en un formato específico, el del cuento, que es tal vez uno de los más visitados luego de la novela.

En materia de ficción novela y cuenta son, probablemente, los dos formatos más populares. Aunque a priori la distinción entre uno y otro parece pasar por una cuestión de extensión (la novela como formato con más páginas que el cuento) hay diferencias más sustanciosas que hacen a cada uno de estas dos formas de escribir ficciones. Cabe destacar que el cuento es una unidad indivisible, carece de capítulos lo cual propone una lectura continuada, es decir sin pausas, que comienza y termina en un solo tramo de lectura (la relativa brevedad de los cuentos frente a las novelas ayuda a este fenómeno, aunque cabe destacar que hay cuentos más largos que algunas novelas breves). La presencia de capítulos en las novelas impone pausas al lector que muchas veces las aprovechará para detener la lectura y retomarla al día siguiente.

El cuento ofrece, generalmente, una línea narrativa y es difícil que su historia se vaya por la tangente para retomar el curso de la acción principal más adelante y esto se debe principalmente a la unidad misma del formato. Por eso no es de extrañarnos que por más breves que resulten algunos cuentos, sean adaptados al cine: el cuento al igual que una película empieza y termina en el primer acto de lectura. Algunos ejemplos: “Blow up” de Michelangelo Antonioni (adaptación libre de “Las babas del diablo” de Julio Cortazar) y “La cifra impar” de Manuel Antín (adaptación de “Cartas de mamá” también de Cortazar).

Esto nos ayuda a entender que el lector de cuentos no es, en comparación con aquel que lee novelas, más vago, sino que probablemente encuentre más empatía con este formato en específico. Además, generalmente, los cuentos suelen publicarse en compilaciones que terminan teniendo el mismo grosor que una novela.

En honor a todos los lectores de cuentos, dedicaré algunos artículos de este blog a algunas compilaciones y cuentos particulares que merecen una leída por su capacidad de sintetizar en una unidad narrativa no fragmentada una idea literaria bien desarrollada.

Imagen: cubacollectibles