Noche y Gastronomia

El Local de la semana: Kena de Luis Arévalo

Chef Luis arevalo

Hace unos años que la cocina fusión se ha convertido en una tendencia clara dentro de las preferencias gastronómicas de los más avezados foodies y del público en general. Concebida como la apuesta por traer a nuestros platos los sabores y aromas de diferentes culturas, tiene ejemplos en Madrid tan destacables como el local del televisivo Chicote Pan de Lujo, el santuario de la mezcla de ingredientes que es la casa del ilustradísimo e impenitente viajero Abraham García en Viridiana o sin ir más lejos esa sensacional invención de los sushis patrios de insuperable fusión de nuestra gastronomía con la japonesa, que practica Ricardo Sanz en los dos Kabukis de Madrid.

Ejemplo de esta práctica es también la cocina de Luis Arévalo, el chef de los celebrados Nikkei 225 y 99 Sushi Bar, que ha llevado a nuestros paladares la genial experiencia de la cocina nikkei; esa mezcla de gastronomías peruana y japonesa.

Celebramos desde estas páginas la nueva aventura de Luis Arévalo, en el reciente estrenado restaurante Kena. Situado en el cada vez más gastronómico barrio de la Guindalera, en la calle Ferrer del Río número 7, el local se concibe como un  homenaje a las tabernas japonesas tradicionales, y tiene tres espacios principales para el multiaprovechamiento de demandas e intereses, que tanto prima en la mayoría de los nuevos locales capitalinos. Por un  lado una barra de sushi al uso con no más de ocho asientos para celebrar el más exquisito de los bocados nipones, por otro una zona de mesas altas y el comedor propiamente dicho.

La decoración, entre funcional y acogedora, se vale de tonos ocres y grises para buscar un impacto visual ligero en el comensal, una imperceptible mirada para evitar que nos desviemos de la premisa básica del restaurante: dar de comer.

Entre apuntes de madera natural en el mobiliario, descubrimos una cocina basada en el producto de temporada, que configura dos menús, uno corto de 45 € y uno largo de 60 €, que van variando a diario para garantizar la apuesta más fresca y acorde a la estación del año que acompañe nuestra visita.

Arévalo oficia con la misma maestría que ya disfrutamos en sus antiguos trabajos, pero aquí lo hace desde la absoluta libertad que le da ser propietario por primera vez del lugar desde donde da de comer.

Empezamos con unos delicados aperitivos entre los que nos emocionan unas gyosas de langostinos en miel de caña y pisco o sus celebradas vieiras al original bloody mary de pisco y yuzu.

Continuamos, la casa obliga, con una fresquísima selección de sushis donde cada pieza es más celebrada que la anterior. El pescado se convierte en absoluto protagonista en una espléndida caballa con jengibre, mezcla de intensidad de sabores y absoluta originalidad, o un insuperable tartar de atún con huevo de codorniz, que aún duerme en nuestras gargantas. En las carnes, una buena hamburguesa de Wayu y una desconcertante por sus reminiscencias, albóndiga y berenjena al curry, que nos descoloca un poco.

Una sensacional panacota con chutney de fruts rojos y tierra dulce nos  termina de emocionar en una comida rebosante de talento, nitidez en los sabores y sabio tratamiento del producto. Una visita de vuelta segura para los próximos meses y una merecida bienvenida a este nuevo local de referencia en la capital.