Noche y Gastronomia

El Local de la Semana: La Vieja Castilla

Detalle bandera burgos

Hace unas semanas que venimos hablando del barrio de Chamberí como uno de los más activos y renovados barrios gastronómicos de la capital. Este barrio, que según los más castizos guarda las esencias más puras del madrileñismo, ve renovar constantemente su oferta de restaurantes y locales de tapas, como hemos dedicado y seguiremos dedicando en nuestros artículos.

Pero como no sólo de restaurantes vive el hombre, esta semana hemos centrado nuestra atención culinaria en la oferta de tiendas delicatesen que salpican las calles de este corazón de Madrid.

Así, nos enamora esa pequeña tienda de la calle Gaztambide 44 que es El Placer del Picante. Un homenaje a las guindillas, los chiles y demás ardores en nuestro paladar. En Santa Engracia 40, descubrimos Il Pastao, un local donde se elabora y vende magnífica pasta fresca, así como otros productos de raíz italiana como vinos o aceites. En la misma línea aunque abiertos a restaurante y a un sinfín de actividades, trabajan los dueños de La Accademia del Gusto en Cristóbal Bordiú 55.

En Bravo Murillo 4 uno no para de disfrutar en la sucursal de la oleoteca más famosa de la ciudad: La Chinata. Aceites para todos los gustos, catas de producto y mermeladas, panes y patés para acompañar.

Muy cerca de aquí, esta semana descubrimos un precioso local destinado a nuestros productos más clásicos. La Vieja Castilla, que tiene sede en el barrio en la calle Donoso Cortés 1, y que atesora otro local en el Barrio de Chueca (Gravina 3), es un espacio cuidado con mimo y gusto por su encargado Alberte y que bebe del origen burgalés de su tienda madre en la ciudad del Cid.

Partiendo de una maravillosa oferta de embutidos de la tierra burgalesa, donde destacan sensacionales morcillas o chorizos ahumados picantes y dulces, más cecinas de caballo y vaca o buenas sobrasadas y lomos ahumados, La Vieja Castilla nos deleita con una cuidada selección de quesos nacionales, entre los que descubrimos un cremoso e intenso Cañarejal, o un  queso de pata de mulo leonés de poso destacado y suavidad en el sabor.

Grandiosa es su selección de vinos, que si bien pone el acento en la Ribera del Duero, atesora etiquetas de todas las denominaciones de origen españolas. Encomiable es su espíritu de búsqueda constante de opciones originales y a precios asequibles, que engatusa al cliente y  demuestra el mimo que se pone en este negocio.

Reseñable es también su oferta de legumbres castellanas, desde garbanzos pedrosillanos pasando por verdinas, lentejas beluga o los imprescindibles judiones de La Granja.

Conservas de verduras, mermeladas y mieles burgalesas, complementan la oferta donde también nos atrapan esas recetas tradicionales de la marca Umoh, que nos ofrecen desde callos y carrilleras, hasta rabo de novillo y manitas de cerdo.

Montan además catas todos los sábados por la mañana, con un vino destacado y un pequeño maridaje de chacinas y quesos. Buscando cubrir todas las necesidades de sus clientes, La Vieja Castilla apuesta también por originales iniciativas como la posibilidad de organizar catas privadas en su local, en las que aportan sumiller, productos cortados en la misma tienda y a precio de venta al público y su magnífica oferta de vinos que se pagan sólo por aquello consumido en la cata. Una magnífica opción para acercarse a un público que según su encargado, ha realizado ya el trayecto de cliente a amigo.

Felicidades.