Noche y Gastronomia

El local de la semana: Restaurante Sala

Detalle gambas sala

Hay restaurantes que se convierten en enseña de la zona donde están enclavados. Locales que a todo nos vienen a la cabeza si nombramos una ubicación geográfica; mesas tan populares que de inmediato asociamos a aquel lugar que hemos decidido visitar, propuestas que incluso vienen a nuestra memoria cuando recordamos una época concreta del año, un momento al que asociamos el disfrute y la relajación.

Esto nos ocurre en Madrid con el restaurante Sala, en la serrana localidad de Guadarrama, con la idea de una buena cena en su terraza privilegiada una noche de verano en la sierra de Madrid.

Fundado en el año 1979 como club social de una pequeña urbanización de esta popular localidad de las afueras de Madrid, el negocio comenzó a alcanzar fama por la bondad y el sabor de sus gambas a la plancha. Presentadas entonces en la clásica rueda de madera y pasadas por el fuego el tiempo exacto y con el punto perfecto de salinidad y sabor, Sala se convirtió rápidamente en un referente gastronómico para lo que siempre han sido los gustos clásicos del madrileño: buen producto, tratamientos sencillos y una devoción mayúscula por el marisco.

De aquellos comienzos, el éxito derivó en la exigencia de una nueva ubicación que atendiera a la fuerte demanda de lo que empezó a ser una cocina reconocida por la calidad de su género y por la sencillez del tratamiento del producto. Sin más truco que ese, a día de hoy Sala dispone de un precioso local a las afueras de Guadarrama que puede presumir de tener la que tal vez es la terraza más impactante de la sierra madrileña. De proporciones enormes y decorada con un crisol de influencias difícilmente desentrañable, entre la tradición serrana, el clasicismo y ciertos apuntes de modernidad oriental, esta terraza cerrada y acristalada permite las cenas en un ambiente chic y cuidado.

Anticipada por una original zona de tapas concebida como un espacio cálido de maderas claras que pudiera simular una zona de estar de una casa, en su zona principal encontramos mesas lo suficientemente separadas para garantizar intimidad. Servicio profesional y cercano, pese a las exigencias de atender a una parroquia siempre extensa, y una carta que recurre al clasicismo sin complejo alguno.

Excepcional siempre su producto estrella, esa gamba blanca de Huelva que es una delicia en el paladar y que vale lo que la carta dice. Magníficas por su fritura y cremosidad, las croquetas, entre las que es difícil decantarse por las suaves variedades de ventresca o morcilla, por las clásicas de cabrales o jamón o por las premiadas de boletus con trufa. De cualquier manera siempre una obligación.

Adicionalmente ofrecen un fantástico pulpo a la gallega, un buen tartar de atún rojo o en general un excelso marisco donde conviven cigalas, carabineros, navajas a la plancha o esos también delicados camarones cocidos.

Buenos pescados de toda la vida mínimamente aderezados a la bilbaína, como el cogote de merluza o el besugo y la consabida carne de la sierra que da nombre al pueblo, completan una oferta que nunca decepciona y que demuestra que en muchas ocasiones, cuando hablamos de buen producto, menos es más.