Noche y Gastronomia

El Molín de la Pedrera: la mejor fabada en Cangas de Onís

Cangas de Onis

Villa de fuertes raíces históricas desde que fuera capital del reino de Asturias en la época de Don Pelayo, Cangas de Onís es hoy una maravillosa población asturiana, puerta de entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa y descanso de la imponente figura del Monasterio de Covadonga, ejemplo de integración entre religiosidad y naturaleza.

En sus empedradas calles, coronadas por ese maravilloso Puente Romano que en tantas postales de Asturias hemos visto, se amontonan las tiendas gastronómicas donde adquirir las mejores fabes y el más gustoso compango. Sidras naturales, mermeladas, dulces, chocolates caseros, un festival para lo sentidos en un entorno paradisiaco lleno de historia, trasgus y gaitas en madera.

En el centro de Cangas nos acaricia el paladar El Molín de La Pedrera (c/Río Güeña  2). En un recodo del puente que cruza el río Güeña, antes de llegar a la Capilla de Santa Cruz, este amplio negocio familiar da de comer a visitantes y parroquianos desde hace casi treinta años.

A los mandos, los hermanos Ardines preparan la mejor fabada que este bloguero haya probado en su vida. Tan potente, como delicada y redonda. Intensísima en sabor a la vez que equilibrada y ligada en sus texturas. Una auténtica delicia en la boca que en el Molín puede degustarse en ración generosa o sólo como tapa, por aquello de regímenes y nuevas tendencias de gusto liviano que aquí deberían olvidarse. Nadie debería marcharse de Asturias sin probar este manjar inevitable.

Además su carta es un canto a la tradición bien tratada, a la modernización de los platos con más arraigo de la Comunidad, donde los ingredientes perviven entre toques de la mejor cocina vanguardista. Así, podemos degustar finísimos crujientes de cabrales con avellanas, que son bosque en esencia, explosiones de intensidad en la boca. Tortinos de maíz, como antaño en estas tierras, rellenos de chorizu, que piden repetir a costa de una buena siesta en alguno de sus prados. Tablas de sus inmejorables quesos : gamoneu, la peral, cabrales en la proa; setas que se mezclan con castañas entre la cremosidad y el tropiezo, carnes ecológicas de vacas dormidas pastando, arroz con leche que hace llorar.

Un homenaje a los sentidos, una celebración de esta tierra histórica y cercana, donde el sabor y la bruma nos acarician como si hubiésemos subido al santuario acurrucados en una hamaca sostenida por castaños.