Arte

El quinto centenario de la Capilla Sixtina

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Retrocedamos en el tiempo. Más de 500 años, hasta 1471, cuando el Papa Sixto IV encargó la restauración de la Capilla Magna del Palacio Apostólico del Vaticano. Su arquitectura evoca al Templo de Salomón, citado en el Antiguo Testamento. Poco después de su conclusión, en 1482, se mandaron decorar las paredes con frescos que narraban la vida de Moisés y de Jesucristo, así como con los retratos de todos los Papas que habían gobernado la Iglesia hasta entonces. Además se pintaron también varias cortinas, en forma de trampantojo. Todo ello fue obra de los más grandes artistas del quattrocento: Boticcelli, Rafael o Perugino, entre otros.

Pero fue en 1508 cuando Miguel Ángel recibió el encargo por parte del Papa Julio II de decorar la enorme bóveda de 460 metros cuadrados. Cuatro años más tarde, el artista concluía una de las pinturas más famosas y más visitadas de la historia.

Nueve escenas centrales describen episodios del Génesis. A su alrededor, doce profetas y sibilas sentados en los tronos y en las pechinas, episodios de la salvación del pueblo de Israel. En definitiva, un conjunto pictórico espectacular culpable de hacer girar el cuello a más de cinco millones de turistas anualmente. Es precisamente la Creación de Adán la escena más famosa, reproducida hasta la saciedad en todo tipo de souvenirs, que se venden a millares cada día en el Vaticano.

Esta gran afluencia ha propiciado su conservación, pero a la vez su deterioro. La técnica del fresco es una de las más frágiles y difíciles de conservar, por lo que las condiciones de humedad y temperatura le afectan mucho. Es por ello que se habla de limitar las visitas, algo cargado de polémica, ya que supondría limitar la admiración por uno de los grandes tesoros de la historia del arte.