Música y Teatro

Eternal Moonwalk: el eterno retorno

Nunca sabremos quién era exactamente Michael Jackson, y ese es el triunfo y la tragedia del Rey del Pop: visible en todo momento, su música se baila lo mismo en los tugurios mexicanos que las cárceles iranís, pero ninguno de los que ejecutan el moonwalk sabrá qué era exactamente lo que existía detrás de la careta destruida por las cirugías del más célebre de los Jackson Five, y heredero, máximo exponente y punto final de eso que fue el sonido Motown.

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¿Abusador o abusado? ¿Mentiroso compulsivo o un adulto cuyo infantilismo le hacía expulsar la verdad por incoherente que fuera? ¿Padre excelente o artífice del marketing? ¿Un ciudadano Kane que muere en su Xanadú personal, adicto y quebrado o el músico y el bailarín irreductible que falleció en el umbral de un espectacular revival? No lo sabremos. ¿Y a quién le importa?

La esencia de Jackson, lo que importa del inmortal compositor de Thriller, se concentra en su Moonwalk: ese paso de baile en el que el danzante se desplaza hacía atrás flotando. El triunfo de Peter Pan: el avance que nos lleva, falsa y felizmente, hacía atrás en el tiempo, a la infancia, a ese reino que su padre y los mercaderes arrancaron a Jackson de pequeño, el que se esforzó en reconstruir a su alrededor (Disneyland particular incluida) con todo el dinero del mundo, sin lograrlo.

Todo esto viene a cuento por el maravilloso Eternal Moonwalk, un tributo infinito a Michael Jackson al que la humanidad entera está invitada: sólo hay que grabarse realizando el moonwalk de lado a lado de la pantalla, y nos sumaremos al loop infinito de la marcha en reversa de miles, en un caleidoscopio que (el último milagro de Jackson) nos hace sentir parte de ese concepto absurdo llamado humanidad, avocada como siempre en volver al País de Nunca Jamás.

Web | Eternal Moonwalk

Imagen | Que la pases bonito