Arte

Fallece Oscar Niemeyer, el genio de la curva

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Recuerdo que hace unos pocos años tuve la oportunidad de visitar en Madrid, en la Fundación Telefónica, una exposición sobre Oscar Niemeyer. A bote pronto, ese nombre no me decía nada, pero me habían recomendado encarecidamente visitarla, y decidí dedicarle un rato. En aquel entonces, poco o nada sabía de arquitectura, pero la exposición me pareció fascinante, y enseguida me dejé seducir por las curvas, por la armonía y la belleza de las creaciones de Niemeyer. Y no sólo eso; a través de vídeos y textos escritos por él mismo, me sorprendió descubrir su personalidad íntegra, sus valores y sus ganas de seguir creando, aún con cien años.

“La vida es un minuto que pasa deprisa”, decía Niemeyer. Y así es. El miércoles se fue este genio de la arquitectura a la edad de 104 años, dejando a sus espaldas una herencia incomparable, sobre todo en su país, Brasil, donde se han declarado siete días de luto oficial.

Niemeyer forma parte de un grupo privilegiado, el de los genios de la arquitectura del siglo XX, integrado por Mies Van der Rohe, Frank Lloyd Wright o Le Corbusier, de quien fue asesor durante muchos años. Pero el maestro brasileño fue más allá de las tendencias arquitectónicas dominantes en la primera mitad del siglo XX, en las cuales la estética estaba subordinada a la funcionalidad.

Le declaró la guerra al ángulo recto, que según él era artificial, creado por el hombre; hizo de la curva su seña de identidad, inspirándose en las montañas y en las mujeres de su país. Y así era su arquitectura: funcional pero a la vez bella, de formas sorprendentes. Eso sí, siempre al servicio del pueblo y de Brasil, su amado Brasil, que hoy llora la muerte de uno de los grandes.