Cine y TV

Filtraciones II: True Blood, lo nuevo de Alan Ball

at 'True Blood' presented by the Twenty-Sixth Annual William S. Paley Television Festival. Arclight Cinerama Dome, Hollywood, CA. 04-13-09

Un mundo donde los vampiros son cosa corriente y pueden entrar a un bar para pedirse una botella de sangre sintética  producida en Japón.  Ese el que propone Alan Ball, el creador de esa joya inabarcable llamada Dos metros bajo tierra, en su nueva serie True Blood (Sangre verdadera), cuyo piloto ha caído en las aguas procelosas de la red y al que ya le hemos (perdonen el chiste fácil) hincado el diente.

La serie adapta una serie de novelas de culto (Southern Vampire Mysteries de Charlaine Harris), y tiene lugar en Louisiana. La historia se centra en el bar donde trabaja Sookie Stackhouse (Anna Paquin, la niñita de El Piano con unos años más pero con la misma cara de loca), una camarera telepática que descubre entre sus clientes a un vampiro, Bill Compton. La atracción entre ambos personajes crea toda una reacción en cadena dentro de la pequeña comunidad, mezcla de rechazo y envidia.

Mientras Sooki y Bill estrechan sus lazos gracias a que la camarera rescata al vampiro del ataque de una pareja de criminales (la sangre de vampiro se vende como afrodisiaco en el mercado negro), una mujer es asesinada y el hermano de Sookie arrestado como sospechoso. La investigación revela que la mujer tuvo relaciones con un vampiro…

True Blood es un piloto difícil, en especial para el fan de Alan Ball, acostumbrado a la hondura psicológica de la familia Fisher, aquellos entrañables enterradores. Y si es que hay algo que se echa de menos en esta nueva apuesta de Ball, es que se toma demasiado en serio a sí misma con ese aire afectado a lo Anne Rice en los diálogos y las actuaciones planas. Cuesta, lo confesamos, relacionar al autor de una se las series más atrevidas y originales de los últimos años con esta eficiente pero menor relato.

Esperamos, sin embargo, el segundo episodio.

True Blood estrena en setiembre en HBO.