Música y Teatro

Freaks: Alexander “Skip” Spence

Freaks Skip Spence

El mundo de la música siempre ha sabido distinguirse por sus personalidades polémicas, probelmáticas y siempre confrontativas con respecto a lo correctamente establecido por las sociedades. Pero los hubo algunos que incluso se atrevieron a ir un poco más allá. Personas lunáticas que desconocían absolutamente lo que está bien o está mal para la moral occidental, hermitaños con tendencias a las grabaciones compulsivas, esquizofrénicos con hábitos de vida que ni una estrella de rock (con todo lo que ello conlleva) podría soportar como compañeros… De todos ellos los hubo en el rock. Y todos juntos se han encargado de gestar una pequeña pero más que atrayente historia paralela: la de los genios dementes del rock y el pop, la de los “locos lindos” que tantas canciones maravillosas nos han dejado. De más está decir, Alexander “Skip” Spence forma parte de ese grupo.

Nacido en Canadá pero integrado rápidamente a la insurgente escena de rock psicodélico de la Costa Oeste norteamericana de finales de los 60s, Skip Spence fue parte de varios míticos grupos de aquellos tiempos y lares. Estuvo en las filas de Quicksilver Messenger Service, formó parte de Jefferson Airplane y también fue miembro co-fundador de Moby Grape. Justamente, junto a esta banda comenzó su declive personal. Se encontraba en Nueva York junto a sus compañeros grabando el segundo disco de la banda, pero su coqueteo con las drogas estaba complicando cada vez más todo. En un viaje lisérgico, Skip no tuvo mejor idea que tratar de matar a uno de sus compañeros con un hacha, porque estaba totalmente convencido de que este quería hacerle daño.

Todo este entuerto, que terminó con una denuncia en su contra y unas cuantas roturas, derivó en una internación inmediata. Lo transladaron al hospicio de Bellevue, donde estuvo siendo sometido por esquizofrenia durante seis meses. Paradójicamente, esa mitad de año en donde estuvo sometido a tratamientos constantes con Thorazina terminarían forjándolo como persona, dejándolo marcado a fuego. Su máxima inspiración artística se dio allí, hasta tal punto que ni bien fue liberado, tomó una motocicleta y tomó rumbo hacia Nashville. Tan sólo estaba vestido con un pijama y tenía una idea fija en la mente: grabar las canciones que había compuesto y tramado en sus días de encierro, locura y tratamiento psiquiátrico.

El resultado es uno de los más bellos tratados que se pueden haber escrito sobre la locura, la soledad y los días de dolor. Se llamó “Oar” y hoy por hoy es uno de los santos griales que la música americana dejó para la posteridad. La psicodelia, el folk, la canción desgarradora y la intensidad melódica han sabido dejar al disco en el lugar que se merece: el de una obra maestra espontanea y eficaz, dolida pero estremecedoramente bella.

Corría el año 1999 y ya habían pasado treinta desde aquel día en donde Skip tomó una moto y se fue rumbo a Nashville a grabar su única obra musical. Justamente, treinta años después de su edición fue cuando la vida se terminó para Skip Spence. Un cáncer de pulmón terminó con su vida, tal vez sesgada por lo que pudo haber sido una carrera mucho más fructífera, en términos convencionales. Porque, lo cierto, tan sólo un disco le bastó a este hombre demente para quedar en la historia rica de la música norteamericana.

Imagen: The Music is Over