Cine y TV

¿El Gran Hermano israelí drogó a sus concursantes?

¿Dónde está el límite televisivo? ¿Dónde empieza la línea que separa la ética de la audencia? Hace algunos años, la versión británica de Gran Hermano cayó en el descrédito al presentar en vivo y en  máxima audiencia el momento en que se anunciaba a una concursante su diagnóstico de cáncer terminal. El Gran Hermano de Israel tampoco tiene las manos muy limpias al  respecto, y parece que los israelitas se han llevado la palma: recae sobre la producción del reality de este país la acusación de que drogó a sus concursantes.

La Comisión de Radio y Televisión del Parlamento israelí ha iniciado una investigación al recibir denuncias en el sentido de que la producción de Gran Hermano habría proporcionado medicamentos psiquiátricos a los concursantes del reality.

Saar Sheinfein, concursante de la segunda edición israelí, asegura que cuando visitaban el Confesionario (único espacio de la casa aislada donde los concursantes tienen contacto con alguien del exterior), un psiquiatra atendía sus crisis y les proporcionaba medicación: “píldora para casos extremos”, según aclara Sheinfein.

El denunciante va más allá en sus revelaciones, y asegura que dentro del contrato para participar en la emisión figuraba una cláusula según la cual los concursante estaban obligados a tomar toda medicación recomendaba por el psiquiatra.

“Al ver Gran Hermano la gente cree ver la realidad, pero con sus mensajes SMS lo único que hacen es votar por concursantes robotizados”, dice Sheinfein.

El punto que nos preocupa es que, a pesar de que los concursantes de la edición española se comportan, precisamente como “concursantes robotizados”, nadie ha salido a decir nunca que recibiesen alguna droga.