Cine y TV

Guillaume Depardieu (1971-2008)

Guillaume Depardieu 1971 2008Con un escueto comunicado (“Después de haber contraído un virus que le causó una pulmonía fulminante“) se dio a conocer el día de ayer la muerte de uno de los grandes actores franceses (ahí está Todas las mañanas del mundo para demostrarlo): Guillaume Depardieu.

Febril, autodestructivo, siempre en los excesos o los límites del desastre, la difícil personalidad de Guillaume siempre contrasto con la sobriedad y solidez de sus interpretaciones.

De su talento y pasión histriónica hablan las declaraciones de sus compañeros de rodaje de Amor, curiosidad, Prozak y dudas (Miguel Santesmases, 2001): “Es igual que el Principito. No tiene filtros, como los niños. Sí muchas cicatrices, por fuera y por dentro“, recuerda Pilar Punzano.

De su talante suicida hablan  las notas periodísiticas sobre el desastre que provocó en su visita al Festival de Gijón en 1999, cuando destrozó su habitación de hotel, fue echado del certamen y dejo una nota de disculpa: “No soy nunca ni seré amado, es una elección. Estoy profundamente decepcionado. Por primera vez en mi vida se me quita una felicidad legítima y Dios sabe cuán importante es esta palabra para mí. Os quiero. A pesar vuestro“.

Quizá le peso el apellido, la sombra de ese gigante que es su padre. Ahí están Todas las mañanas del mundo (Alain Corneau, 1991) para dar cuenta de ello. En este película Guillaume (hijo) interpreta a un joven compositor que vende lo más amado para ser un virtuoso de la música, y Gerard (su padre) interpreta al mismo músico, en la vejez, como un hombre arrepentido por haber rechazado las verdades elementales de la vida: el amor, los amigos, la familia…

No haremos psicología barata de un hombre que se sobrepuso al abandono paterno, la calle, la adicción y la mutilación de una pierna. Sin ella, fue capaz de regalarnos actuaciones memorables (ahí está La duquesa de Langeais de Jacques Rivette para demostrarlo).

Sólo diremos que hemos perdido a uno de los grandes actores franceses: Guillaume Depardieu.

Fuente | El País