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¿Hay que creer a Eduardo Punset?

Es un hecho que un “divulgador científico” no es un científico, y que mientras el segundo necesita de años de estudio, investigación, tedio y recursos a cuentagotas para dejar su impronta en los anales de la ciencia y la técnica, el primero sólo necesita hacer como que entendió lo que escribió el segundo y un canal para difundir sus ideas, que la mayoría de las veces son lo que malamente pudo comprender, matizado por la ideología dominante, pues a la gente no le gusta que le digan la verdad, sino lo que quiere escuchar.

El divulgador de moda es España es Eduardo Punset, ese anciano noble de habla pausado y meliflua que está dispuesto a demostrarnos que todo lo que necesitamos para ser felices es un poquito de ciencia.

Punset, sin embargo, no es un científico. Lejos de ello, es b, ex eurodiputado y fundador de un efímero partido. Como profesional trabajo para el FMI y empresas como Telvent y Abengoa; tres nombres ligados a muy poca felicidad, menos ciencia y sí desastrosas intervenciones en países del Tercer Mundo…

Por si ese currículum no basta para impugnar la amorosa filosofía de Punset, ese líder de audiencia y de masas, con una fundación a sus espaldas, sólo hay que escuchar las cosas que dice el host de alguno de los grandes científicos de nuestro tiempo en su programa. Por ejemplo:

[El amor] “Tiene 3.000 millones de años y surgió en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía sobrevivir sola”

Mientras Darwin, Oparin y los evolucionistas se remueven en sus tumbas, debemos recordar que la ciencia y la filosofía no suelen llevarse bien: lo hechos de la naturaleza no se creen o se piensan: suceden. Como los fraudes.