Cine y TV

Historias de la vida real que acabaron mal: Erin Brockovich

La ventaja del cine frente a la vida (como bien enseña cualquier escuela de cine) es que hay un corte final, y la historia se acaba cuando las cosas andan bien, y todos son felices, y el bien trinufa sobre el mal…

Desgraciadamente, el sentido del timing cinematográfico de la vida es tan errado como su noción de la justicia, y muchas de las aleccionadoras historias de la vida real que hemos visto en la pantalla acabaron un tanto diferente fuera de la sala de los cines

Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000)

¿Recuerdan a esa simpática y dura madre soltera liada con un motero que consigue que una empresa mala muy mala indemnicé a todo un pueblo afectado en todos los niveles por la contaminación que había provocado en sus aguas?

La verdadera Erin demostró ser peor que la empresa P&G que había provocado cáncer entre 648 familias del pueblo norteamericano de Hinkley (California), y retrasó seis meses la llegada de los cheques a las familias, que cuando recibieron si indemnización vieron que era mucho menos de lo que les había concedido la corte.

La razón: Erin Brockovich, reconvertida en abogada, desvió la ayuda a su propio despacho, que cobró 10 de los 333 millones de dólares de la indemnización original para cubrir “costas”.

No conforme con ello, la firma de Brockovich hizo que los afectados firmasen un acuerdo  que les impedía revelar el monto que recibían y el porcentaje que cada familia cedía a la firma: se especula que fue un tercio de cada cheque destinado a pagar los tratamientos de enfermos de cáncer, la mayoría de ellos niños