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Inéditos borgianos provocan trama detectivesca

En una serie de entregas, viajes, crímenes, encuentros, polémicas, desmentidos y falsificaciones (o no) que hubieran hecho las delicias del autor de Historia Universal de a infamia, Colombia es testigo de una querella por unos sonetos atribuidos a Borges.

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¿Verdaderos o falsos? ¿Legado de sangre o broma pesada? No queremos caer en el lugar común de afirmar que los hechos serían dignos de un relato de Jorge Luis Borges… pero, al menos, hubieran hecho sonreír al narrador argentino más influyente del siglo pasado.

1985. versión a
Todo empieza en Buenos Aires, meses antes de la muerte de Borges, cuando el autor de El Aleph le entrega seis sonetos inéditos a un grupo compuesto por el pintor Guillermo Roux, su mujer, la italiana Franca Beer, y un poeta francés, Jean Dominique Rey. (Ninguno de estas obras aparece en las antologías de la obra completa de Borges, y sólo se conocieron en una edición colombiana de 1993, llenas de palabras repetidas y errores de métrica, una de las grandes obsesiones del porteño.)

1985: versión b
El pintor Guillermo Roux, su mujer, la italiana Franca Beer, y un poeta francés, Jean Dominique Rey, los tres residentes en Mendoza (Argentina), visitan a Borges, en su casa de Buenos Aires. Roux regala a Borges unos dibujos, que encantan al escritor (aunque era casi ciego en ese entonces). Entonces Roux pide a Borges “algunos poemas” a cambio de sus dibujos, y Borges accede a entregarlos al día siguiente. Franca es la encargada de regresar a la casa de Borges, quien la hace hurgar en un cajón, del que salen unas páginas con los seis sonetos inéditos. Hace copias, y se los lleva. Al poco tiempo, los entrega a un amigo suyo en Mendoza, Coco Romairone. Al mismo tiempo, el poeta francés, Rey, traduce y publica los sonetos en una revista que produce de forma artesanal, sin que nadie se de por enterado.

(Continúa )

Fuente | Eñe

Imagen | La Periódica Revisión