Cine y TV

Knowing o profecías al pie de la letra

Aunque se estreno hace unos meses (en España como Señales del Futuro y en América como Presagios o Cuenta Regresiva, por cuenta del Señor que Traduce los Títulos de las Películas) hablamos de Knowing (Alex “Dark City” Proyas, 2008) pues, dentro de una tendencia temática que se instala cada vez con mayor frecuencia en el cine mainstream (el Fin del Mundo), nos parece uno de los títulos más rescatables (con Transformers 2, Días después de mañana y 2012 de por medio).

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La historia es bien sabida: los niños de una escueña primaria en 1959 dejan en una cápsula del tiempo dibujos de cómo creen que será el futuro. 50 años después, la cápsula se abre y uno de los alumnos de esa misma escuela recibe uno de los sobres, proveniente de una extraña e infeliz niña. Dentro no hay un dibujo, sino una página llena de cifras. El padre del niño (Nicholas Cage en un papel de viudo sufrid – matemático- ateo de los que tanto le gustan), descubre que las cifras no son números aleatorios, sino una lista de las fechas, números de víctimas y localización de los más terribles desastres que ocurrieron en los últimos cincuenta años. En la lista quedan tres fechas por cumplir.

Dos de ellas son dos de los más cruentos desastres filmados en pantalla. Y la tercera fecha carece de número de víctimas o localización. En su lugar, la autora de la lista profética sólo anoto un número: 33. El significado de este número es el que hace de Knowing una de las mejores películas de desastres.

En las escenas finales, tras una búsqueda que se convierte en inútil huida, el personaje interpretado por Cage exclama “¿Para qué me enviaron la profecía si no puede hacer nada para evitar lo que va a ocurrir?”. Precisamente lo que cualquiera de nosotros exclamaría. Y es que a diferencia de cintas como Impacto Profundo o El día después de mañana, Knowing no presenta una apocastasis, sino un apocalipsis en toda regla (se cita a Ezequiel).

Knowing es una cinta que lleva a las últimas consecuencias el concepto de profecía: el Destino no está para que lo cambiemos. Y eso es todo un mérito en estos tiempo de melcocha tranquilizadora.

Imagen | Cinematical