Cine y TVLibros

La chica del dragón tatuado: ¿El libro o la película?

David Fincher (cuyo estilo ha sido y es una referencia obligada para las nuevas escuelas de cine) ha realizado la adaptación hollywoodense de la primera de las tres novelas del ciclo Millennium del sueco Stieg Larsson, multiventas ahí donde se ha publicado. Llegada esta primer adaptación por todo lo salto (antes hubo una sueca), se impone la pregunta: ¿El libro o a película?

Tras haber leído el primero de los libros y vista la cinta de Fincher, nos quedamos sin duda alguna con la película.

Hay que decir que a la novela de Larsson le sobran unas doscientas páginas (tal y como a la película de Fincher le sobra una media hora) y demasiadas buenas intenciones.

El lector de Los hombres que no amaban a las mujeres (¿Por qué la editorial en castellano cambio el “odiaban” por “no amaban”?) recordará que la prosa del sueco está poblada de datos, enlaces, discursos y muchas pero mucha voluntad progre, mucho rollo “cambiemos al mundo” y “las pobres mujeres maltratadas”.

Desde luego, las apuestas sociales están muy bien, y deben estar en la literatura. La pregunta aquí es: ¿Por qué los lectores han ensalzado la novela no por sus intensiones progresistas, sino por la presencia de una mujer reducida a la figura de fetiche?

En Lisbeth Salander se concentran todos los lugares comunes de las fantasías masculinas de principio de siglo: androginismo, tatuajes, hackerismo, fuerza asesina pero corazón sediento de amor… Larsson cubrió este fetiche adolescente con paladas de prosa pretendedidamente libertaria.

Fincher, por lo menos, no nos sermonea.