Cine y TV

La cueva de los sueños olvidados (crítica)

¿Dónde nació el cine? Olvida lo que dicen los cursos de arte: Werner Herzog, el cineasta alemán, cree que en el corazón de una cueva francesa, hace 32.000 años, a la luz de las antorchas, y sobre paredes curvas donde nuestros ancestros dibujaron, con sobrecogedora fidelidad, los perfiles y costumbres de los animales que le rodeaban, con un hálito de religiosidad que habla de un tiempo en que la humanidad celebró a la naturaleza como el centro de su Cosmos y de sus sueños.

El año pasado, Herzog, sabráse por qué razón, obtuvo un permiso especial y único para descender con un pequeño equipo de filmación a la Cueva de Chauvet, un recinto antropológico descubierto en los noventas, cerrado al público, y donde condiciones muy especiales lograron conservar intactos los que se considera son las pinturas rupestres más antiguas en la historia de la humanidad. El resultado de esa experiencia es un documental filmado con una cámara digital y tres lámparas de baterías, La cueva de los sueños olvidados, cuyo visionado es capaz de conmover a las mismísimas piedras, pues sus imágenes nos conectan al origen mismo de la idea de humanidad.

¿Qué es lo que nos hace humanos?, pregunta Herzorg a la audiencia en el fondo de Chauvet, y la respuesta es sencilla, pero demoledora: continuar con de la obra de otros. Y es que en la pardedes de esta cueva (recinto de un culto desconocido a los animales) se pueden ver los dibujos de artistas anónimos que nos legaron su visión de la fauna de su tiempo, llenos de vida y compasión (bisontes de ocho patas y ibex de múltiples cuernos para recrear, hace 32.000 años, la idea del movimiento, el proto-cine). Y sobre esos dibujos, miles de años después, otras manos retocaron y añadieron animales, con el mismo espíritu, en la continuidad de una obra infinita, en la que Herzorg, y nosotros a través suyo, damos otra pincelada gracias a la cámara…

La cueva de los sueños olvidados está tan lejos de los documentales de National Geographic como un diccionario de un mantra… Esta es una verdadera película religiosa.