Cine y TV

La escuela The Office: Party Down

Una de las cosas más tristes del mundo es tener amigos actores y saber de qué se ganan la vida. Party Down (una serie de la cadena norteamericana Starz, realizada por el equipo que nos regaló esa maravilla subvalorada que fue Veronica Mars) es una sitcom que narra el deprimente mundo de los actores que trabajan de otra cosa mientras esperan su Gran Oportunidad. En este caso, un grupo de actores que curra como organizadores de fiestas privadas.

la-escuela-the-office-party-down

Adam, un actor cuya única gloria ha consistido en una decir una frase hecha en un anuncio de cervezas, renuncia a sus aspiraciones como actor y entra como caterer de Party Down, la pequeña empresa de Ron, encargada de organizar fiestas, y donde comparte su hastió vital con un guionista fracasado, una top model envejecida, un guapito sin talento y Casey, una joven y eterna participante de castings que siempre está a punto de recibir la Llamada y que no decide a dejar a su terrible esposo…

Además de enamorarse de Casey, Adam contempla con una expresión que va del azoro a la resignación, ese pozo en el que él y sus compañeros de trabajo han caído: el de los que esperan la Gran Oportunidad. Y es que en Party Down todos buscan desesperadamente la puerta de salida: desde Ron, que sólo mantiene esa empresa para reunir el capital para abrir una franquicia de un buffet de sopa y galletas, hasta Constance, la otra Reina del Sofá que espera al director que reinicie su carrera. Lo que produce situaciones de un humor negro e inteligente que no es apto para todos los estómagos, pero que, eso sí, es muy disfrutable.

Al igual que en The Office, el humor se genera por el patetismo de un personaje lúcido (el pobre Adam) que lucha por abandonar la mediocridad, y patetismo sus amigos, todos saboteándose a sí mismos por la menor oportunidad de ascender al estrellato.

Lo interesante de Party Down es su estructura: cada episodio de 25 minutos narra una fiesta distinta organizada por la firma de Ron. Y todas estas fiestas (desde la premiación al mejor Porno del Año hasta la Reunión de Inversores convocados por un ladrón) son aún más inertes y aburridas que las vidas de los protagonistas de Party Down. Algo que nos hace comprender mejor la cara de los camareros cuando nos traen el café: cuando la gente se esmera en divertirse, saca lo peor de sí misma.

Y es que debe ser tan difícil ser el próximo Al Pacino por una propina de 2 euros…

Fuente | Hablando de Series