Libros

La escuela The office: reír es mejor que llorar

La Oficina (creada por los ingleses Ricky Gervais y Stephen Merchant) provocó una de esas pequeñas revoluciones televisivas de las que nadie se dio cuenta.  Y es que The office no sólo produjo un remake estadounidense (muy por debajo del original, si me lo preguntan). Además, fundó un nuevo género: la comedia amarga o “ríanse de mí, pero antes miren al espejo”.

la-escuela-the-office-rear-es-mejor-que-llorar

Y es que la vena abierta con las historias de mediocridad y enanismo existencial de La Oficina, en donde los perdedores de turno no sólo no eran entrañables, sino que además gozaban de su mundo y defendían a morir los nichos donde sus existencias ocurrían sin pena ni gloria, ha creado escuela y toda una gama de series en las que el protagonista  oponía inútilmente toda su buena voluntad para salir de ese pozo a donde la vida lo había condenado, sólo para descubrir que el infierno son los otros.

La risa que nos producía The office provenía de ver a un Quijote moderno tropezar (una y otra vez) contra las trampas que sus compañeros de desventura le tendían, pero nuestras carcajadas no eran las que producen el pastelazo y elchiste fácil generador por la sitcom promedio, sino esa que Kurt Vonnegut definía como “la risa que nos evita ponernos a llorar”. Y es que es imposible ver a los protagonistas de The Offfice, Extras, Arrested Development, Todos contra Juan, Parks and Recreation o Party Down sin sentir que estamos ante un espejo, amable pero aterradoramente sincero. Que estamos ahí. Y eso es algo inédito en la tele.

¿Hay una escena más tristemente divertida que ese final del último episodio donde Tim (Martin Freeman) por fin adquiere el valor para declararle su amor a Dawn (Lucy Davis), sólo para ella diga que no con un abrazo de amigos y ambos se separen para (la una) seguir en una relación sin amor y (el otro) continuar con su vida gris?

Cuando la vida ha decidido pasar de largo, sólo nos queda reír, dice The Office.

Imagen | Wikipedia