Bienestar

La ictioterapia, ¿beneficio o riesgo?

ictioterapia

Quizá en un primer momento, el nombre Ictioterapia no le diga nada. Pero seguramente habrá oído hablar de una peculiar pedicura, muy de moda últimamente, que consiste en sumergir los pies en una pecera llena de pequeños pececitos. Se trata de la Ictioterapia, un sistema que consiste en pequeñas succiones de unos peces denominados Garra Rufa. Estos hacen una exfoliación selectiva, ya que succionan solamente la piel muerta. Al hacerlo, además, segregan Ditranol, una enzima que contiene antralina, beneficiosa para la regeneración de las células.

Esta técnica se ha practicado en Oriente durante siglos, sobre todo en Turquía, Jordania Siria o Irak. En la década de los sesenta, fueron descubiertos por turistas occidentales, que observaron como esos peces habían sido usados con éxito para mejorar enfermedades como la psoriasis o los eczemas.

Pero a pesar de sus aparentes beneficios, la alarma saltó no hace mucho, cuando el Colegio Profesional de Podólogos de Andalucía encargó un estudio a la Agencia de Protección de la Salud del Reino Unido, en el cual se declaraba que la ictioterapia podía resultar un foco de infecciones, entre ellas algunas tan graves como el VIH o la Hepatitis C. La polémica se desató, y los defensores de la ictioterapia, mediante otros estudios quisieron demostrar que el riesgo era nulo, siempre y cuando se cumplan las condiciones.

Por ello, si está pensando en realizarse un tratamiento, debe asegurarse de que el centro estético cuente con los papeles de autenticidad de los peces Garra Rufa y del veterinario que certifique su salubridad, ya que existe otra especie china, más económica, los chin-chin, que no sólo succionan sino que también muerden, lo que crea microheridas y posibilidad de infecciones.

Foto: Otramedicina.com