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La isla de cemento (James Ballard)

Prolífico, sin filtros y con una línea muy pareja dentro de toda su obra James Ballard es uno de esos escritores que ha trazado un estilo tan propio que toda su literatura merece un capitulo aparte dentro de la historia de las letras. Fallecido hace pocos meses, el escritor de origen ingles (aunque nacido en Shanghái) merece un espacio en este blog y es por eso que aprovecho este espacio para reseñar una breve novela suya llamada “La isla de cemento”.

“La isla de cemento” es a la ciudad lo que “Relato de un naufrago” es al océano. Salvando las enormes distancias de estilo que existen entre Ballard y García Márquez ambos relatos narran la historia de un personaje que se ve marginado a un ambiente hostil del cual resulta difícil de escapar. Claro está que es fácil imaginar la situación de un naufrago, pero ¿cómo sucede eso en un ambiente urbano?

Robert Maitland, el protagonista de esta breve novela, sufre un accidente en una autopista y cae a un descampado terreno cubierto de malezas que se encuentra en la convergencia entre tres autopistas. Le resulta prácticamente imposible salir de allí por la altura de sus paredes de concreto y por los diversos traumas corpóreos que el accidente le ocasionó.

Maitland deberá comenzar a lidiar con “la isla” (así la llama él) así como también con su soledad. Reflexiones, introspección y la mirada, ahora distante, de la ciudad que pasa a unos cuantos metros de distancia de los ojos de Maitland que se encuentra marginado de la urbe a causa de su accidente.

Con rasgos de la filosofía de Nietzsche, “La isla de cemento” propone una doble mirada: la de un personaje que observa a un abismo y la del mismo abismo devolviéndole la mirada. De lectura ágil, pero no por ello menos profunda, es un relato breve que vale la pena no pasar por alto en la obra de este prolífico autor.

Imagen: trescagallonsbaixdunpiano.blogspot.com