Noche y Gastronomia

La Montería: el alma del Retiro

Fachada la monteria

Hay lugares que pertenecen a la fisonomía de un barrio casi desde que tenemos conciencia de que este existe. Eso nos ocurre con La Montería y el barrio del Retiro en Madrid; que no podemos disociar el uno del otro; que no podemos comprender un paseo por sus preciosas praderas y sensacionales estampas sin el sabor de esos tigres madrileños, aquí llamados monterías arañados con nuestras pequeñas cucharas, humeantes tras una servilleta de papel que nos quemaba las yemas de los dedos.

La Montería (Lope de Rueda 35) nació hace más de cincuenta años, allá por 1963 y ha servido cenas, aperitivos y comidas a varias generaciones de madrileños que han transmitido su secreto de padres a hijos, de apellido en apellido.

De aquel primer local que hacía honor a su amor por la caza con su estética de cabezas de ciervo en las paredes y nombre de animadas reuniones tras este deporte, hemos llegado a este local de paredes blancas y ocres, de barra recta de diseño y líneas sencillas y minimalistas; de estética moderna y nada costumbrista que por ocasiones nos hace añorar otros tiempos de algarabía y maderas gastadas, pero que hoy en día nos regala un espacio más cómodo y modernizado en sus propuestas.

En la cocina, seguimos maravillándonos con el producto que da nombre a la casa; mejillones rellenos y perfectamente dorados con esa cremosa mezcla de bechamel y carne triturada del molusco con su punto de vinagre y picante. Excepcionales e inigualables.

Seguimos amando sus afamadas frituras, donde el bienmesabe es sublime y el calamar ralla la perfección, donde nunca un boquerón pareció salado o destiló aceite de más, donde la berenjena se ha convertido en perfecto acompañamiento en dorado.

Y hemos seguido idolatrando ese venado con ciruelas que tantas veces recomendamos a  amigos, sus fresquísimas ensaladas con sabor al sur, los jugosos huevos con boletus que se deshacen en nuestras gargantas, ese amor de parroquia colchonera que tan contenta estos días celebra la magia de este local eterno en nuestra memoria.

Siempre perdurable.