Noche y Gastronomia

La Muñequilla: una buena apuesta en Miraflores

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Hace unas semanas hablábamos en este blog de Casa Conchi como un ejemplo de honestidad y buen hacer en la denominada Sierra pobre de Madrid; aquella que comienza en los primeros kilómetros de la carretera de Burgos y que con inicio en pueblos como San Agustín de Guadalix o Miraflores, llega hasta el magnífico Valle del Lozoya y sus estribaciones en Rascafría.

Esta semana hemos descubierto otro buen ejemplo de lo que parece ser la recuperación gastronómica de una zona a veces aquejada por un cierto aburrimiento sobre consabidas propuestas con la única base en la calidad de las carnes serranas o en el acierto en sus asados.

La Muñequilla en Miraflores, en el Paseo de los Álamos 6, es la propuesta gastronómica del hotel del mismo nombre, situado en la principal arteria de este pueblo con solera serrana. Con un acercamiento moderno y depurado, en su cocina ofician Javier Lorente y Alberto Martín, dos cocineros jóvenes aunque con una dilatada experiencia en locales capitalinos tan destacados como el Arzábal cercano al Parque del Retiro.

Es este un espacio de líneas limpias y de comedor recogido y acogedor. Mesas lo suficientemente separadas por garantizar comodidad e intimidad frente a una cocina a la vista, muy en la línea de los tiempos que corren.

Magníficas algunas de sus materias primas. Excepcional cecina de León y anchoas de Santoña. Muy bueno el tratamiento delicado de los carpaccios entre los que nos ofrecieron un excelso de ahumados. Suculentos y jugosos sus huevos con patatas pochadas y generosa trufa; destacables sus calabacines rellenos de setas y menos emocionantes en este caso, unas croquetas de jamón a las que les falta cremosidad y tropezones.

En los segundos, el seguro de una magnífica carne sobre carbón de encina y unas fantásticas patatas de toda la vida que nos recuerdan a nuestras madres y abuelas.

Buenos postres y una más que acertada propuesta de vinos con algunos etiquetas originales.

En resumen, una buena apuesta para la renovación de una zona un tanto anquilosada en viejos usos y costumbres. Un local a seguir.