Cine y TV

¿La televisión en 3-D es el futuro del medio? (II)

En esencia, la realidad virtual manejaba el mismo principio que la televisión y el cine 3D: lentes paralelas que proyectan diferentes imágenes. El cerebro, al compensar esta diferencia, crea la sensación de profundidad. En teoría suena bien, hasta que entra en juego la complejidad de la percepción humana. El cerebro utiliza numerosos patrones para determinar que tan lejos o cerca está un objeto, lo que llamamos la profundidad de campo.

Es decir: para que te sientas dentro del mundo de Avatar, tu cerebro tiene que ignorar todas las otras señales que le indican que la 3D es una ilusión. O sea: al ver una señal en tercera dimensión, cada uno de nosotros lucha contra su propio cerebro.

El problema es que, cuando el espectador se quita las gafas 3D, el cerebro continúa ignorando todos los detalles, fuera de la visión paralela, para determinar la profundidad de campo, y de insistir en ello, el cerebro podría dejar de registrarlos. Es decir: los ojos se vuelven a la larga neurológica y parcialmente ciegos.

Ese fue el problema al que se enfrentó la realidad virtual.

Fuente:Brand X
Imagen: Marco Folio